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Una
agencia de turismo en España tardaría
pocas horas en vender diez viajes a Filipinas por
200 euros. Casi 300 mujeres filipinas han recibido
la oferta de cubrir en sentido contrario la distancia
de 12.000 kilómetros que separa a ambos países,
pero con la condición de que trabajen en la
campaña de recogida de la fresa y de cítricos
en Huelva, al Sur de España.
Una
agencia de turismo en España tardaría
pocas horas en vender diez viajes a Filipinas por
200 euros. Casi 300 mujeres filipinas han recibido
la oferta de cubrir en sentido contrario la distancia
de 12.000 kilómetros que separa a ambos países,
pero con la condición de que trabajen en la
campaña de recogida de la fresa y de cítricos
en Huelva, al Sur de España.
Dos
de estas mujeres filipinas ya han llegado a Huelva
vienen desde Lipa City, desde donde han tenido que
viajar en autobús hasta Manila; de ahí
un vuelo a Hong Kong, luego a Londres, luego a Madrid
y, por último, a su destino rural en Almonte,
Huelva. Casi tres días de viaje. El alcalde
tuvo esta idea para reforzar el sector con el trabajo
que hacen temporeras polacas, rumanas, búlgaras,
ucranianas y marroquíes desde hace ocho años,
y que había funcionado muy bien y garantizaba
el retorno.
Esta
iniciativa ha contado con la colaboración de
Aenas Cartaya, un programa español con apoyo
gubernamental que gestiona las contrataciones de inmigrantes
que realizan los empresarios agrícolas en Huelva,
principalmente con personas que vienen desde Marruecos.
Según
el programa, se buscan mujeres de entre 25 y 45 años,
preferentemente con experiencia en trabajo en el campo.
Ninguna de las dos mujeres ya instaladas en Huelva
tiene experiencia en el sector. El Ayuntamiento ha
contribuido para recaudar 10.000 euros destinados
al pago de la mitad de sus vuelos. Ellas esperan recibir
los 900 euros al mes que se cobra por convenio en
el sector y así cubrir la otra mitad del viaje.
Ahorrarán el resto para invertirlo en Manila
con sus maridos, que ganan 75 euros al mes como conductores.
En
la última década, miles de jornaleros
españoles han probado suerte en sectores más
rentables como el de la construcción y la hostelería,
cada vez más ocupados también por inmigrantes
de varias partes del mundo. Los agricultores de fresas
y cítricos de Huelva han cubierto el déficit
de jornaleros para sostener su sector con mujeres
de Europa del Este y, además del nuevo experimento
con mujeres filipinas, ya habían enviado emisarios
a Senegal para contratar a 750 mujeres que trabajan
en el campo actualmente.
En
este punto, consideremos los cambios tan abruptos
y repentinos en el mapa mental y que ahora se imagine
lo que supone no sólo recorrer 12.000 kilómetros
en tres días, sino encontrarse con un clima,
un paisaje, un idioma, una cultura y una forma de
pensar tan distintas. ¿Ansia de notoriedad
de un Alcalde? Podría ser.
Las
dificultades con el idioma y con las relaciones sociales
son dos de los cinco factores que conducen a muchos
inmigrantes a la exclusión social. Estas mujeres
tendrán cubiertos los otros tres factores durante
la temporada de fresas y de cítricos: el acceso
al empleo, a la vivienda y la seguridad administrativa.
Transcurridos
los cuatro meses de la temporada de fresas y de cítricos,
estas jóvenes filipinas volverán a su
lugar de origen, como se hace con las europeas del
Este y las marroquíes.
Los
trámites y los procedimientos para traer a
personas que se encuentran a 12.000 kilómetros
para recoger fresas y cítricos se presentan
como un experimento discutible que vincula el fenómeno
migratorio exclusivamente a la agricultura, la construcción
y el turismo. Sin embargo, no olvidemos que cuando
buscamos mano de obra llegan personas con sus cualidades
y necesidades.
Los
países desarrollados tendrán que emplearse
a fondo para crear modelos de acogida eficaces para
los inmigrantes, especialmente ahora que la crisis
del sector de la construcción amenaza el trabajo
de 80.000 inmigrantes que viven del sector. Sigue
pendiente el diálogo con millones de personas
que llevan años aportando no sólo horas
de trabajo, sino los ingredientes para construir una
auténtica sociedad de acogida. Pero emergen
otros sectores como el acompañamiento al creciente
número de ancianos, la restauración
y como pequeños empresarios que precisan otro
tipo de ayudas. La realidad es que el reconocimiento
de la necesidad de inmigrantes por la sociedad de
acogida ha significado un avance fundamental, a pesar
de extravagancias filipinas.
Fuente:
mercuriomanta.com > C.Miguelez
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