|
Los
iconos de un país como Filipinas son una atracción
por si mismos. El visitante encontrará vestigios
de antiguas civilizaciones con sólo andar por
las calles de cualquier ciudad filipina. Monumentos,
templos y palacios se alzan para dar un toque místico
al destino turístico. Estas descomunales obras
de la arquitectura y el arte humanos, perduran con
el tiempo y están dispuestas en lugares específicos
donde funcionan como foco de turismo. Por tanto, los
visitantes podrán realizar itinerarios en los
que sólo se centren los palacios, templos y
monumentos que dejarán a más de uno
sin palabras. Producto de las variadas religiones
que han influido en el país, los símbolos
materializados dan un color distinto al destino.
El
palacio de Malacanang, en Manila, es famoso por su
arquitectura singular y su belleza incomparable. Construido
en el s XVII y sus dimensiones son verdaderamente
descomunales. Posee numerosas alas y pasillos y los
jardines que lo rodean, realzan la sensación
de estar dentro de un cuento oriental. De grandiosos
arcos, balcones floridos y ventanas vistosas, el palacio
es sin dudas una de las construcciones más
representativas de la capital. Se puede visitar el
recinto con previa autorización, ya que, no
debemos olvidarnos, el palacio es la morada del primer
mandatario.
Cebú
es otra de las grandes ciudades donde el turista encontrará
numerosos templos y monumentos. El Edificio del Capitolio
sobresale por su arquitectura, una mixtura entre lo
oriental, español y norteamericano. Pero sin
lugar a dudas, una de las atracciones más importantes
de la ciudad es la gran Capilla de la última
cena, con las impresionantes figuras de la Sagrada
cena: Jesús y sus doce apóstoles, que
fue realizada en el siglo XVII. La cruz de Magallanes
es otro de los iconos de la ciudad. Un gran monumento
que conmemora la muerte del viajero.
Uno
de los grandes símbolos de Filipinas, que luego
se hizo patrimonio mundial, son sus geniales terrazas
de arrozales, en la cordillera de Luzón. Según
algunos, los arrozales son la octava maravilla del
mundo, un espectáculo de naturaleza e ingeniería
que el visitante no debe perderse bajo ningún
concepto. Los arrozales son el único monumento
filipino que no guarda ninguna influencia con otra
cultura que no sea la de ellos, por eso el valor simbólico
que posee para este país. A mil metros de altitud,
los filipinos se esfuerzan, desde hace ya más
de 2000 años, en cultivar arroz de la forma
más insólita. Montañas de terrazas
escalonadas, bajo un maravilloso verde, dejarán
sin palabras al visitante. Además, los primitivos
pero ingeniosos sistemas de riesgo a base de conductos
de bambú, hacen de esta obra una verdadera
obra de arte que dista de las primeras invenciones
de la civilización.
|
|